Comunicación Sistemática

Comunicar para Vivir Mejor

La comunicación no es solo lo que decimos. Es lo que evitamos, lo que sentimos, lo que interpretamos… y también lo que otros entienden. Comunicarnos sistémicamente es aprender a establecer una conexión colaborativa, teniendo en cuenta al resto de elementos del sistema y la repercusión en ellos… es una cuestión vital. 

En lo personal, la calidad de nuestros vínculos depende de cómo nos comunicamos: ¿sabemos expresar lo que necesitamos sin herir?, ¿escuchamos de verdad o solo respondemos? 
En lo profesional, los proyectos avanzan o se estancan según la calidad de las conversaciones: ¿hay confianza?, ¿hay claridad?, ¿hay espacio para la diferencia? 

Y dentro de nosotros… también hay diálogo. Nuestra voz interna puede ser aliada o saboteadora, y aprender a escucharla con respeto —sin identificarnos ciegamente con ella— puede cambiar nuestra forma de vivir. 

Desde la mirada Sistémica, comprendemos que toda comunicación se da en un contexto: familiar, organizacional, emocional, histórico. Nada de lo que decimos o escuchamos es neutro. Cada palabra está llena de historia, de lugar, de intención (a veces inconsciente). 
Mirar desde lo sistémico es aprender a ver el mapa completo. Es comprender que detrás de un conflicto hay una necesidad no dicha. Que detrás de un silencio hay a veces una fidelidad ciega. Que incluso los malentendidos nos traen información valiosa. 

Comunicar bien es, en el fondo, atrevernos a estar presentes con lo que hay. Escuchar con más apertura. Hablar con más conciencia. Y mirar con más amor. 

¿Por qué, si todos hablamos, comunicarnos bien sigue siendo tan difícil?

Y cómo una mirada distinta puede cambiarlo todo. 

¿Te ha pasado que dices algo con la mejor intención… y termina en malentendido? ¿O que sientes un “runrún” dentro que no sabes cómo expresar? La comunicación —esa cosa que usamos todo el tiempo— sigue siendo uno de nuestros grandes retos. Y no solo con los demás, también con nosotros mismos. 

Porque comunicarse no es solo hablar. Es comprender. Escuchar sin interrumpir. Preguntar sin atacar. Mirar sin juzgar. Y eso, créeme, cambia vidas. Tanto en lo personal como en lo profesional, la calidad de nuestras relaciones depende de la calidad de nuestras conversaciones. 

Aquí es donde entra en juego la mirada Sistémica. Esta perspectiva no se queda en lo que se ve a simple vista. Nos ayuda a entender el trasfondo de lo que decimos y escuchamos:

– ¿Qué lealtades familiares inconscientes nos hacen callar? 
– ¿Qué roles ocupamos sin darnos cuenta? 
– ¿Qué patrón repetimos en cada relación, sin saber por qué? 
– ¿Qué conflictos se repiten? 

Cuando empezamos a mirar las relaciones como sistemas vivos, todo cobra sentido. Aprendemos a ver más allá del conflicto. A identificar lo que de verdad nos duele. Y a poner palabras nuevas donde antes solo había silencio o reacción. 

Trabajar la comunicación desde lo sistémico es como pasar del blanco y negro al color. Es fundamentalmente integrar todo lo relacionado y percibir el “entre”. Es dejar de hablar “desde el personaje” para hablar “desde el lugar”. Es tener conversaciones más honestas, profundas y liberadoras. Contigo. Con tu pareja. Con tu equipo. Con tu historia. 

No se trata de volverte experto en discursos, ni de convertir tu vida en una telenovela emocional. Se trata de aprender a estar presente. De soltar el piloto automático. Y de hacer de la comunicación un puente —no un muro— para vivir con más sentido, y sobre todo, con más paz. 

No se puede manipular a...

Y no, no es una exageración. La comunicación está en todo 

  • Lo que dices.
  • Lo que no dices.
  • Lo que sientes y no sabes expresar.
  • Lo que entiendes… o malinterpretas.
  • Lo que escuchas y lo que obvias.

Comunicarse no es hablar. Se confunde comunicación con “intercambio de información”. Comunicarse es relacionarse. Y eso lo cambia todo: tu manera de estar contigo, con los demás y con el mundo. 
Y sobre todo, comunicar es conectar con el otrx. Actualmente hay más intercambio de información o ideas (pensamientos, opiniones) que comunicación real. Comunicarse no es solo hablar. Es crear vínculos. Y esos vínculos determinan la calidad de tu vida personal, tu bienestar interno… y también tu forma de liderar, trabajar y dirigir equipos. Decía Maturana que Comunicación es: “compartir saberes y haceres” 

¿Por qué cuesta tanto comunicarnos bien?

  1. Primero porque no nos conocemos realmente.
  2. Porque reaccionamos de modo defensivo o evitativo.
  3. Porque nadie nos enseñó.
  4. Porque repetimos patrones invisibles. 
  5. Porque nos callamos para no molestar. O gritamos… cuando ya es tarde. 

Y mientras tanto, acumulamos malentendidos, tensiones y silencios que terminan pasando factura. En casa. En el trabajo. En nuestra salud. Porque a veces, en lo profesional, confundimos claridad con dureza o silencio con profesionalidad. Y en los entornos laborales, esto se multiplica. Una mala comunicación no solo afecta resultados. También desgasta equipos, erosiona la confianza y hace que personas valiosas se desconecten… o se vayan. 

Aquí es donde entra la mirada Sistémica

Esta forma de mirar las relaciones va más allá de lo que se ve. Y contempla el “entre”. Aquello que hay, la relación que se establece entre 2 personas. Esto es fundamental para que haya conexión y comunicación. De lo contrario cada unx está en su posición y sólo expresa lo suyo. El enfoque sistémico en comunicación nos ayuda a comprender:

– Qué hilos invisibles nos conectan (y nos enredan).
– Qué lealtades familiares nos hacen repetir historias.
– Qué lugar ocupamos sin darnos cuenta en cada sistema: pareja, familia, equipo, organización. Y cómo eso influye en nuestras relaciones.

Pero, sobre todo, nos muestra cómo salir del bucle.

La mirada Sistémica en acción: relaciones laborales y profesionales que funcionan.

La comunicación supone la columna vertebral de toda organización, pero también la más invisibilizada. Desde la mirada Sistémica, no solo nos preguntamos qué se dijo, sino:

– ¿Desde qué lugar se dijo?
– ¿A quién representaba esa voz (aunque no lo sepa)?
– ¿Qué roles están en juego en esta conversación?
– ¿Qué está silenciado en este sistema que ahora estalla en forma de conflicto?

Comprender esto es abrir nuevas posibilidades. Para liderar mejor. Para crear equipos más sanos. Y para comunicar desde la autoridad que no impone, sino que inspira.

¿El resultado? Relaciones más sanas, reales y reparadoras

Cuando aprendes a comunicarte desde lo sistémico: 

  • Escuchas de verdad. Empatizas realmente y conectas con el otrx.
  • Te expresas con claridad y respeto. Incluyendo la compasión por ti y el otrx.
  • Recuperas el vínculo contigo y con quienes te rodean. 

La comunicación deja de ser un hándicap… y se convierte en tu mejor aliada. 

Comunicar mejor también es liderar mejor 

Cuando incorporas esta mirada en tu entorno profesional: 

  • Comprendes dinámicas ocultas que frenan a tu equipo.
  • Das espacio a lo que necesita ser dicho (sin herir).
  • Sabes cuándo hablar… y cuándo escuchar de verdad.
  • Transformas conflictos en oportunidades de crecimiento. 

Porque el verdadero liderazgo no está en tener todas las respuestas. 
Está en crear el espacio donde las personas puedan hablar, colaborar y brillar. 

¿Por dónde empezar? 

Te acompaño a mirar lo que hay detrás de las palabras: 
en tu vida, en tu trabajo, en tus equipos. 

Con herramientas, conciencia, y sí… también con un toque de humor. 
Porque tomarnos en serio no significa perder ligereza. 

  • [Quiero mejorar mi comunicación]
  • [Quiero transformar mi forma de liderar]